EL MEJOR EQUIPO SEPULTADO POR SU ENTORNO
Con
el Mundial de Estados Unidos en el horizonte se atisbaba una selección de
Colombia poderosa con ganas de completar la obra que había dejado inacabada en
el Mundial de Italia ’90. El entrenador de moda en esos momentos, Francisco
‘Pacho’ Maturana combinó hasta la celebración del Mundial de Italia los cargos
de entrenador del Atlético Nacional de Medellín y de seleccionador colombiano,
para dedicarse después en exclusiva al combinado cafetero.
En
1989, año mágico para Maturana y para el fútbol colombiano, Atlético Nacional,
con jugadores como Leonel Álvarez, Pablo Escobar o el portero René Higuita
–héroe de la final- se proclamaba campeón de la Copa Libertadores, primera vez
que un equipo colombiano conseguía el título; y mientras la Selección colombiana
se clasificaba para la fase final de un Mundial 28 años después de su única
participación, tras apear a Israel en la repesca.
Colombia
llegaba al Mundial con el aval de haber disputado una dignísima Copa América el
año anterior, con la base de un equipo campeón como Atlético Nacional, y con
una serie de estrellas emergentes como Freddy Rincón o Carlos Valderrama. Su
juego muy técnico y elaborado comenzaba a ser reconocido, pero el hecho de
estar en pleno proceso de formación y su inexperiencia en el ámbito
internacional hacían de su participación un auténtico enigma.
Tras
comenzar venciendo a Emiratos Árabes Unidos por 2-0 y perder contra la potente
selección yugoslava por 1-0 llegaban a la última jornada de la liguilla con la
obligación de por lo menos empatar ante la selección alemana -que a la postre
se proclamaría campeón- para pasar así a octavos de final como mejor tercero.
Maturana, amante del fútbol preciosista y de ataque, planteó un partido serio
siendo superior a los alemanes en muchas fases del partido. Sin embargo el
resultado permanecía inamovible, hasta que en el minuto 89 una combinación
entre Matthaüs y Littbarski acababa con un disparo a la escuadra de este último
que mandaba a casa en esos momentos a los colombianos. Pero en el descuento alargue
iba a suceder lo increíble. Una jugada espectacular del ataque colombiano
concluía con un pase antológico de Valderrama que dejaba solo a Freddy Rincón
que batía por bajo a Bodo Illgner y metía en octavos a la tricolor. Era el
triunfo de una selección que jamás abandonó su estilo. Se hacía justicia y
Colombia iba a tener la oportunidad de luchar por pasar a cuartos contra
Camerún, equipo revelación del torneo. En un partido muy parejo los 90 minutos
ante los africanos acabaron sin goles; en la prórroga el genial Roger Milla
adelantó a los leones indomables con un golazo primero y aprovechando más tarde
un error histórico de Higuita que avanzado como era costumbre perdió un balón a
30 metros de su portería que aprovechó Milla para poner el 2-0. El riesgo
continuo de Higuita avanzado en la salida de balón para dar apoyo a sus
compañeros y crear superioridad nunca había sido cuestionado, así que parecía
muy ventajista someterlo por ese error. Colombia acortó distancias pero no fue
suficiente. Con 2-1 y el tiempo cumplido, cuenta Maturana que gritaba a sus
hombres que colgaran el balón para agotar sus opciones, y sin embargo el equipo
siguió combinado y tocando de la misma forma que había hecho durante todo el
campeonato hasta que el árbitro pitó el final. Al ir Maturana a pedir
explicaciones a ‘Chonto’ Herrera de por qué no habían mandado balonazos al
área, el lateral le respondió: “Francisco –refiriéndose a Maturana-, llevamos
tres años diciéndonos que toquemos, ¿y me vas a decir que la tire?”, y Maturana
reflexiona diciendo que ‘Chonto’ tenía razón, era como traicionarnos a nosotros
mismos”. Esta anécdota refleja muy bien la identidad de ese equipo, que a pesar
del palo, miraba al Mundial de 1994 con optimismo. Y le sobraban razones.
Colombia
iba a llegar a ese Mundial con una generación de jugadores en el cénit de su
carrera, ya con la experiencia de haber disputado un Mundial y reforzados con
dos jóvenes fenómenos como Faustino Asprilla y el ‘Tren’ Valencia. El equipo es
una piña, representan en esos momentos el mayor orgullo de una sociedad
colombiana enferma, secuestrada por el narcotráfico y la violencia y para la
que el fútbol es la única válvula de escape a la dura realidad. En los años
previos al Mundial de Estados Unidos Colombia disputa 26 partidos contra
selecciones de nivel y pierde solamente uno. Victorias inimaginables hasta
entonces para esta selección que dejó en la cuneta entre otros a Brasil (2-0),
México(2-1) o Argentina(2-1).
En
la Copa América de 1993 solo el fallo de Aristizábal en el sexto lanzamiento de
una fatídica tanda de penaltis ante Argentina le apartó de disputar la final. Mientras en la fase de clasificación para el
Mundial Colombia llegó a la última jornada líder e invicta pero con la necesidad
de por lo menos empatar frente a Argentina en el estadio Monumental para no ir
al repechaje frente a Australia. Argentina en cambio necesitaba ganar para no
depender de Paraguay que jugaba en Lima frente a Perú. En los días previos al partido que disputaría
el 5 de septiembre de 1993 se iba a ir cociendo un ambiente de crispación máxima
por diversas circunstancias. El encuentro llegaba solo dos meses después de que
Argentina apeará a Colombia de la final de la Copa América, y a pesar de no
necesitar más de un empate para clasificarse el pueblo colombiano suspiraba por
una revancha que dejara fuera del mundial a la selección albiceleste. Tres
semanas antes en Barranquilla Colombia ya había ganado a Argentina por 2-1,
acabando con 33 partidos consecutivos de imbatibilidad del combinado dirigido
por Alfio Basile que aseguró tras el encuentro que “habían sufrido
provocaciones y todo tipo de desmanes”. Maradona días antes del decisivo
partido que se iba a jugar en Argentina ya se había encargado de dinamitarlo declarando
que “no se puede ni se debe cambiar la historia. Argentina está arriba y
Colombia abajo”, y ‘Cholo’ Simeone, por si el ambiente no estaba
suficientemente caldeado desafiaba a los colombianos diciendo que “Argentina
aplastará y borrará a Colombia”. La llegada de la selección colombiana al
aeropuerto de Ezeiza fue un calvario. Hinchas argentinos se abalanzaban sobre
los jugadores colombianos que tuvieron que soportar escupitajos, insultos y
hasta puñetazos, incluido un tirón de pelos de un fanático argentino sobre la
peculiar cabellera de Carlos Valderrama. En el Monumental no iba a caber ni un
alfiler, y periódicos de la época aseguran que por una entrada se llegaron a
pagar hasta 45.000 pesetas de la época.
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| Portada de El País (Diario colombiano) 06/09/1993 |
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| Portada de El Gráfico (Diario argentino) 06/09/1993 |
El
partido comenzó muy tenso, Valderrama y Simeone se malencaraban, Batistuta no
lograba materializar en goles el dominio inicial de Argentina espoleada por su
hinchada, y Colombia esperaba su oportunidad, hasta que en el minuto 41 de
partido una clásica arrancada de Valderrama acabó con un pase en diagonal sobre
la incorporación de Freddy Rincón que dribló a Goycochea y adelantó a Colombia
en el marcador. Nada más comenzar la segunda parte Asprilla con un golazo
aumentó la cuenta. Con 0-2 Argentina se volcó arriba, y Colombia con confianza
y con espacios machacó a Argentina. Rincón y Asprilla de nuevo y el ‘Tren’
Valencia a falta de seis minutos redondearon un 0-5 que pasaba a los anales de
la historia, y que se convertía a la vez en el mejor partido que jamás jugó
Colombia y en la mayor afrenta jamás infringida a la selección albiceleste. Los
más de 70.000 espectadores que abarrotaban el Monumental, incluido Maradona
despidieron con una ovación a la selección cafetera que acababa con seis años
de imbatibilidad como local de los argentinos. A los jugadores de Basile les
llovieron duros palos de prensa e hinchada durante los días siguientes, a pesar
de que el empate de Paraguay en Perú les había clasificado de rebote para la
repesca del Mundial de Estados Unidos, a donde acudirían tras vencer a
Australia.
El
mismísimo Pelé dijo días después que Colombia era favorita para ganar el
Mundial que se iba a celebrar el año siguiente. Maturana había conseguido crear
una verdadera familia en ese vestuario repleto de jugadores únicos. Acerca de
la unión del vestuario el propio seleccionador colombiano afirmaba que “cuando le pegaban una patada a uno le dolía a todos
los compañeros. Esa solidaridad nos llevó a grandes cosas. En el 0-5 con
Argentina, por ejemplo, Fernando Redondo le dijo a ‘Chonto Herrera’ que lo que
él se ganaba nada más le alcanzaba para comprarse unos cigarros, y ahí mismo
‘Chonto’ le dijo lo sucedido a Faustino Asprilla, quien enseguida se le acercó
al argentino diciéndole: Redondo quédate quieto que yo gano más plata que tú”.
Colombia iba a comenzar un sueño en Estados Unidos que
acabaría en pesadilla. Su debut contra Rumanía no pudo ser peor. La selección
rumana sabedora del potencial atacante de Colombia les esperó en su campo, y
tras multitud de ocasiones marradas por la tricolor, un contraataque culminado
por Raducioiu y una obra de arte de Gica Hagi puso con 2-0 a los rumanos.
Valencia acortó distancias, pero de nuevo Raducioiu con Colombia volcada al
ataque cerró el partido en otra contra. La derrota fue un revés para Colombia
del que ya no se levantó. El siguiente partido era ante EE.UU. y Colombia
estaba obligada a ganar para seguir viva en el Mundial. El día anterior al
partido el vestuario conoció la noticia de que un hermano del lateral ‘Chonto’
Herrera había muerto en accidente de tráfico, y el mismo día del partido
Maturana acudió llorando al vestuario tras recibir amenazas de muerte a él y a
todo el equipo para que no incluyera en el once a ‘Barrabás’ Gómez. Mafias que
habían apostado grandes cantidades por Colombia y que querían promocionar
jugadores de su región para colocarlos en Europa y así ganar dinero expusieron
las amenazas en un televisor para que todos los jugadores las conocieran. ‘Barrabas’
tras este suceso dejaría el fútbol para siempre. El equipo salió a jugar
totalmente desestabilizado, agarrotado y atemorizado. En el minuto 12 en una
jugada desgraciada el central Andrés Escobar -de 27 años y que tenía un acuerdo
para fichar por el AC Milan después del Mundial- desvió hacia su portería un
centro desde la banda izquierda que acabo en autogol. Colombia fue mejor, tuvo
multitud de ocasiones pero el partido acababa 2-1 y quedó eliminada. Diez días
después de su autogol, tras una discusión en la que le provocaron y se mofaron
de él por el autogol fue asesinado con seis disparos en la puerta de una
discoteca de Medellín. La conmoción en el país fue total. Todos los problemas
que tenían arraigados desde hacía tiempo se sobredimensionaban en un personaje
público inocente, y la imagen que exportaban
al mundo era la de una sociedad enferma escondida tras un enorme equipo de
fútbol.
Por
eso quizá sea ahora que el pueblo colombiano parece haber recuperado la
estabilidad de la que carecía a principios de los años noventa, el momento de
creer en una joven generación de futbolistas extraordinarios liderada por
Falcao y secundada por futbolistas como James Rodríguez, Jackson Martínez,
Guarín, Cuadrado o Pablo Armero, que pueda competir de tú a tú con los mejores
países del mundo. Seguro que Pekerman consigue llevar al equipo a donde la
sociedad colombiana no dejó llevar a Maturana. Porque como el propio ‘Pacho’
dijo “a Escobar no lo mató el fútbol; Escobar era un hombre del fútbol que lo
mató la sociedad”.
Alberto Egea Estopiñán, Revista-Kaiser nº28 24/11/2012
@esttoper


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