viernes, 30 de noviembre de 2012

UNA JUGADA REDONDA -Publicado en sportsilver.es- 30/11/2012

UNA JUGADA REDONDA


                Que a Roman Abramovich la conquista de la Champions League la campaña pasada le iba a salir muy cara esta temporada se veía venir. La renovación de Di Matteo era el precio a pagar por un hombre agradecido que había visto como por fin tras nueve años de mastodóntico proyecto la suerte le otorgaba lo que en tantas temporadas le había negado descaradamente. El equipo venció jugando defensivamente -igual de admirable que hacerlo al ataque-, pero defendiendo mal (la cantidad de ocasiones que le generaron en todas las eliminatorias lo evidencian). Un equipo entonces limitado pero con uno de los mejores porteros de la década entre los palos y el mejor nueve que ha visto la Premier en años. El Chelsea era Cech y Drogba. Además de una confianza total en sus mínimas posibilidades del resto de jugadores perteneciente a esa generación (los Lampard, Terry, Cole, Essien y compañía) a la que el fútbol les debía un hueco en la historia.
                A comienzos de año Drogba se fue a China y el Chelsea se quedaba huérfano. A Di Matteo se le escapaba el puntal que había sostenido su famosa flor y se iba a tener que conformar con un delantero en el que apenas había confiado y que es esclavo del elevado precio que se pagó por su traspaso y de su astronómico salario.
                La llegada de dos fenómenos como Oscar y Hazard completaban junto a Mata una espectacular línea en la mediapunta a la que en el primer tramo de temporada le sobraba para sacar los partidos adelante (siete victorias y un empate en los primeros ocho partidos de Premier) pero que en partidos machos como en la final de la Supercopa de Europa ante el Atleti o en los del duro grupo en el que cayó en Champions echaron en falta un goleador, además de un medio con criterio que nutriera de balones a la mediapunta. Su irregular dinámica en Champions contagió al equipo en la Premier, y  su juego tornó a mediocre a medida que pasaban las jornadas. La derrota ante la Juve que deja al equipo al borde de la eliminación en Champions ha sido el detonante para que Abramovich se cargara a Di Matteo.
                Abramovich debía elegir entrenador, y el abanico de posibilidades pasaba por entregarle el equipo a alguien que sacase partido a tanto talento ofensivo (Redknapp o Rijkaard), algo para lo que se necesita paciencia, o elegir a alguien capaz de armar el equipo en menos tiempo y le imprima carácter ganador que le permita pelear por títulos hasta final de temporada. Y el ruso se ha decantado por la segunda opción.
Y a pesar de no ser Benítez precisamente santo de mi devoción me parece una decisión inteligente y coherente. El Chelsea con el escenario que le ha sobrevenido se plantea ahora mismo dos objetivos: El primero es ganar un título de peso a parte del Mundialito de Clubes, que Abramovich considera innegociable. Y el segundo, más difícil, que a pesar de ser imposible de amortizar el segundo mayor fiasco financiero de la historia –creo que solo el fichaje de Kaká lo supera-, por lo menos se atenúen las pérdidas, consiguiendo colocar a Torres en algún equipo el próximo verano, aunque sea como parte de la contratación de otro jugador. Porque recordemos que Fernando Torres tiene contrato hasta junio de 2016 y cobra 10,8 millones de euros por temporada, una losa demasiado pesada para la presión que soporta el jugador y para las arcas del club londinense.
Por eso me parece un proyecto de jugada maestra la contratación de Benítez. Compite bien cuando se centra solo en una o dos competiciones (solo con el Valencia del doblete Liga-UEFA peleó hasta el final en todas las competiciones), y a lo largo de su carrera siempre que dispuso de un equipo competitivo ganó por lo menos un título por temporada –excepto en la 2006/07 que cayó con el AC Milan en la final de Champions-. Por eso y porque es la última bala para revalorizar a Torres, que rindió al nivel más alto de su carrera precisamente con el entrenador madrileño en el banquillo de Anfield. La guinda es que solo lo ficha hasta final de temporada, lo que le permite seguir llamando a la puerta de Mourinho y Guardiola durante todo el año sin pagar el peaje que supondría echar a un entrenador con contrato en vigor. Que Abramovich no ve a Benítez como entrenador de futuro sino que ansía traer a uno de los mencionados lo evidencia el hecho de que el español no firma como manager general (como es habitual en la Premier) sino como entrenador al uso. Esto visto desde la perspectiva del magnate ruso.
Para Benítez supone un relanzamiento de su carrera. El Chelsea vuelve a poner en el mapa al cotizado entrenador español, que con el equipazo que tiene y lo poco que habrá acordado que le traigan en enero, además de lo que se le suavizará el calendario con la más que probable eliminación de Champions (la dureza de la Champions no es equiparable a la de la Europa League) sorprendería que no ganara algún título. Una temporada aceptable sellada con un título pondría de nuevo a Benítez en el candelero y le permitiría ir a sacar tajada a otro club rico en apuros. Gana Benítez, gana Torres y sobretodo gana el Chelsea.

Abramovich se la juega aun a sabiendas de que la decisión no gusta a su hinchada, que no ve con buenos ojos que la figura más importante de los últimos años en el Liverpool se haga con las riendas del equipo. Y más siendo a cambio de echar a un mito para ellos como Roberto Di Matteo, una de las figuras más arraigadas al club después de pasar seis años vistiendo la camiseta del equipo de Londres y tras llevar por fin la Champions a las vitrinas del museo del club. Veremos si la jugada le sale bien o no, pero es sin duda una decisión valiente de un hombre valiente que solo se justificará consiguiendo alcanzar las metas que Roman se ha fijado para enderezar una temporada que parece de transición y allanar el camino del ambicioso proyecto que se vislumbra para la temporada que viene.


Alberto Egea Estopiñán
@esttoper

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