Real Madrid, formas y contenido
Llama
la atención a estas alturas la división que existe entre los madridistas sobre
la manera de dirigir al equipo y representar al club de José Mourinho. De sobra
es conocido que Florentino Pérez es muy amigo de guiarse por encuestas entre
los socios a la hora de fichar. En su primera etapa y en el primer año de la
segunda las hacía para orientarse sobre qué jugadores querían los socios, y en
el verano de 2010 sobre el entrenador que debía dirigir al club. Históricamente
Florentino había subestimado la figura del entrenador, supeditado al director
general –Valdano- a la hora de fichar y carente de respaldo frente a jugadores
y prensa por parte de un presidente que desde que despidiera a Del Bosque tras
ganar la Liga de 2003 y hasta febrero de 2006, fecha de su dimisión había
pasado por la guillotina a cinco entrenadores más. La afición madridista y la
prensa de Madrid se decantaron por Mourinho,
que un mes antes había ahorrado un dolor de cabeza a la afición merengue
evitando que los culés disputaran la final de la Champions League en el templo
blanco con la victoria del Inter frente al Barça en semifinales. El Madrid
pagaba al Inter 16 millones de cláusula de rescisión y firmaba a Mourinho por
cuatro años a razón de más de 10 millones de euros.
El Madrid y su afición sabían lo que fichaba. O lo
debería haber sabido. Mourinho desde que saliera de manera triunfal del Oporto
ha repetido una serie de patrones en todos los equipos en los que ha recalado.
En las fechas en que Mourinho llega a Chelsea, Inter y Real Madrid
respectivamente, existen urgencias históricas de ganar, y dichos equipos están
dispuestos a gastar el dinero que haga falta para que así sea. En el Chelsea el
millonario proyecto de Abramovich busca en 2004 afianzarse como equipo a batir
en Inglaterra y culminarlo con una Champions. Tras su marcha consigue de sobra
el primer objetivo y deja pendiente el segundo. Cuando en 2008 llega al Inter
el equipo es campeón de la Serie A pero en Europa lleva años pasando sin pena
ni gloria. Sustituye a Roberto Mancini y en dos años lo hace campeón de Europa
45 años después. Y en el verano de 2010 cuando llega al Real Madrid, el equipo
lleva seis años sin pasar de cuartos en Copa de Europa y el Barça es un equipo
prácticamente imbatible.
Y es que en estos equipos en estado de necesidad Mourinho
encaja perfectamente. En su desesperación, los clubes utilizan al portugués
como medio para ganar sin importarles el cómo, y Mourinho utiliza a los clubes
para engordar su palmarés sin atender a si sus formas o sus actuaciones dañan
la imagen de las instituciones que a priori representa. Y por eso no es de
extrañar que incluso el Fútbol Club Barcelona preguntase por su situación
cuando a Rijkaard se le fue de las manos un vestuario que empezaba a
languidecer de éxito. En una situación similar se encuentra el Manchester City.
Mientras desde España vemos como Mancini no es capaz de formar un equipo que se
corresponda con las excelentes jugadores que tiene, que si no lo remedia un
milagro va a ser eliminado por segundo año consecutivo en la liguilla de la
Champions League, y que ganó la Premier por los pelos ante el peor Manchester
United de los últimos años, en Inglaterra en ningún momento han cuestionado los
aficionados citizens al entrenador italiano. Porque les ha hecho ganar. Y lo
que desde aquí se ve como casi una obligación (semejante plantilla da razones
para ello), desde la óptica del hincha del City que hacía 44 años que no ganaba
una Liga, agradecido, lo asume como una proeza.
Mou labra una carrera propia, ajena a los colores que
representa buscando inundar de títulos su palmarés. Su fórmula consiste en
crear un grupo fuerte, ambicioso, comprometido y cerrado, nutrido de jugadores
contrastados con sus mismos objetivos. Su carisma dentro del vestuario y su
afán de protagonismo en los medios le permite crear una coraza sobre el
conjunto que protege a los jugadores de todos los ataques externos, tanto los
reales que suelen llegar de la prensa, como los paranoicos persecutorios
(imposición de horarios de los partidos en su contra, conspiraciones
arbitrales, desprotección de su propio club, etc.) que intenta denunciar a modo
de cortina de humo para desviar la atención de otros temas más objetivos sobre
los que no le interesa hablar. Esta unión que consigue en todos los conjuntos
que ha dirigido repercute de manera negativa en el propio club cuando abandona el cargo, puesto que los
jugadores (como el propio Mourinho) no están arraigados al club que les paga,
si no a Mourinho. Todos los equipos que
ha dejado (el Chelsea no tanto) han perdido el norte durante un tiempo a pesar
de haber contado con los mismos jugadores. Esta situación es más difícil que
suceda en un club de cantera en el que el arraigo con el club que tiene el
canterano siempre será superior. Quizá por eso Mourinho no fomente las canteras
en los clubes en los que está. No sólo porque la formación de un canterano
conlleva un tiempo del que Mourinho no dispone en su carrera por triunfar, sino
porque no busca futbolistas fieles al club, busca futbolistas leales a él.
En
pro del éxito Florentino Pérez ha pasado de ningunear a los innumerables
entrenadores que ha tenido a otorgarle total autonomía a Mourinho, poniendo al
club y a su reputación institucional a su servicio. El portugués tiene además
el respaldo de un contrato multimillonario cuyo finiquito en caso de despido
sería inasumible económicamente por cualquier club (del Chelsea se fue con un
finiquito de casi 30 millones de euros). Y Mourinho es trasparente, y su
personaje no engaña a nadie. Se sabe de sobra qué se puede esperar de él, en lo
bueno y en lo malo. Por eso no se explica los continuos ataques al portugués de
la parte del madridismo que aboga por un Madrid respetuoso en sus formas
–felicitar al rival en la derrota o quedarse a presenciar la entrega de un título
al rival-, que represente al club en lugar de representarse a sí mismo –sobra
ver cómo mostraba eufórico el número siete que aludía a su séptima liga a nivel
personal tras proclamarse campeón en San Mamés-, y que no transmita una
continua sensación de crispación en el club respecto al entorno. Y digo que no
se explica porque cuando Florentino trajo a Mourinho esto venía en el paquete. A
Mourinho nadie lo trajo para que cambiara su actitud sino para que ganara. Es
el mismo que era en Inglaterra o en Italia, y seguirá siéndolo allá donde vaya.
Florentino se ha lavado las manos en todas las polémicas que ha creado o se ha
visto envuelto Mourinho, y mientras, esta parte del madridismo (para la que la
institución significa algo más que las vitrinas del museo) en lugar de señalar
al presidente que tanto le ha consentido no solo por no frenarle los pies sino
además ampliarle su espacio de poder, sigue intentando corregir al portugués,
sin darse cuenta de que a pesar de que ambos –esta parte de la afición y Mourinho-
persiguen el mismo fin (la victoria) difieren en el camino para conseguirlo.
Insisto en que solo me estoy refiriendo a esta parte de
la afición madridista que reniega de Mourinho por sus formas, no de la otra,
sin duda igual de respetable. Ni siquiera hablo de fútbol en lo que al juego se
refiere. Aludo solo a la incoherencia que me parece apuntar a un señor que es
perfectamente controlable y suprimible por un superior en lugar de arremeter
contra dicho superior.
Se le acusa, sin faltar a la verdad, de no dar
oportunidades en el primer equipo a jugadores de la cantera cuando, sin embargo
el único jugador que se han consagrado en el primer equipo desde la entrada en
vigor de la Ley Bosman en la temporada 95/96 (momento en que apostar por la
cantera deja de ser algo indispensable para la supervivencia de los clubes) ha
sido Casillas (Raúl debutó el año anterior), además de algún otro como Guti que
se mantuvo en el Madrid con altibajos considerables. Se le pide a Mourinho algo
que ni ha hecho en ninguno de los clubes que ha estado, ni ha hecho ninguno de
los 15 entrenadores que desde dicha temporada han pasado por el banquillo
blanco.
De la arrogancia del personaje que Mourinho se ha creado
han salido ataques a compañeros de actitud ejemplar como Preciado o Guardiola,
ha ninguneado a Pellegrini o a (‘Pito’) Villanova, ha dado plantones
injustificadamente a la prensa, o ha soltado a su portavoz Eladio Paramés para que escupiera las barbaridades que él no
se atrevía a decir. Incluso cuando Mourinho ha sido devorado por su propio
personaje ha llegado a agredir a Tito o a autoexpulsarse en partidos
trascendentales como en la semifinal de Champions tras la expulsión de Pepe o
en Villarreal en la pasada Liga.
Todo esto multiplica su dimensión si en el banquillo
rival se encuentra un señor como Guardiola que pasa de sus salidas de tono, que
no alza la voz, que felicita al rival en la derrota y no presume en la
victoria. Y que para colmo le gana la mayor de las veces. Negro sobre blanco.
Pero que esto no nos haga perder la perspectiva. Ni
Madrid ni Barça han sido precisamente modelos de conducta a lo largo de su
historia ni han derrochado señorío (palabra que Mourinho se ha encargado de
vaciar de contenido) por muchas veces que nos lo digan. Pero pasa que entonces
ambos clubes iban a la par en actitudes groseras y forofas. Al insulto de
Lorenzo Sanz respondía Gaspart con uno mayor, mientras Nuñez atacaba al Madrid
Mendoza botaba con los ultrasur a grito de “es polaco el que no bote”. Y paro.
Y en el campo mejor no hablar: butifarras de Schuster o Geovanni, pisotones de
Juanito o Stoichkov, etc. En estos escenarios Mourinho hubiera sido uno más,
pero no ahora. La excepción es Guardiola, no Mourinho ¿O acaso se hablaría
tanto de Mourinho si en el banquillo del Barça se sentara Louis Van Gaal?
Señorío hubiera sido que Del Bosque o Hierro hubiesen
tenido la salida del Madrid que se merecían, y no esperar a que el mundo del
fútbol al completo reconociera la labor del salmantino para ofrecerle tarde y
mal un reconocimiento que Florentino ni siquiera tuvo el valor de ofrecérselo
él mismo directamente. Se le recordará por lo bien que ha sabido exportar la
marca Real Madrid al mundo y por el crecimiento económico del club, pero
deportivamente en ocho años ha ganado de los tres campeonatos largos (no diré
importantes) que se disputan cada año solamente cinco: 3 Ligas, una Copa y una Champions.
Cinco de veinticuatro. Parece un balance demasiado pobre para el mejor club de
la historia.
Alberto Egea Estopiñán, Revista-Kaiser nº27 12/11/2012
@esttoper
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