sábado, 10 de noviembre de 2012

REAL MADRID, FORMAS Y CONTENIDO nº27 Revista Kaiser 12/11/2012

Real Madrid, formas y contenido

Llama la atención a estas alturas la división que existe entre los madridistas sobre la manera de dirigir al equipo y representar al club de José Mourinho. De sobra es conocido que Florentino Pérez es muy amigo de guiarse por encuestas entre los socios a la hora de fichar. En su primera etapa y en el primer año de la segunda las hacía para orientarse sobre qué jugadores querían los socios, y en el verano de 2010 sobre el entrenador que debía dirigir al club. Históricamente Florentino había subestimado la figura del entrenador, supeditado al director general –Valdano- a la hora de fichar y carente de respaldo frente a jugadores y prensa por parte de un presidente que desde que despidiera a Del Bosque tras ganar la Liga de 2003 y hasta febrero de 2006, fecha de su dimisión había pasado por la guillotina a cinco entrenadores más. La afición madridista y la prensa de Madrid se decantaron por Mourinho,  que un mes antes había ahorrado un dolor de cabeza a la afición merengue evitando que los culés disputaran la final de la Champions League en el templo blanco con la victoria del Inter frente al Barça en semifinales. El Madrid pagaba al Inter 16 millones de cláusula de rescisión y firmaba a Mourinho por cuatro años a razón de más de 10 millones de euros.
            El Madrid y su afición sabían lo que fichaba. O lo debería haber sabido. Mourinho desde que saliera de manera triunfal del Oporto ha repetido una serie de patrones en todos los equipos en los que ha recalado. En las fechas en que Mourinho llega a Chelsea, Inter y Real Madrid respectivamente, existen urgencias históricas de ganar, y dichos equipos están dispuestos a gastar el dinero que haga falta para que así sea. En el Chelsea el millonario proyecto de Abramovich busca en 2004 afianzarse como equipo a batir en Inglaterra y culminarlo con una Champions. Tras su marcha consigue de sobra el primer objetivo y deja pendiente el segundo. Cuando en 2008 llega al Inter el equipo es campeón de la Serie A pero en Europa lleva años pasando sin pena ni gloria. Sustituye a Roberto Mancini y en dos años lo hace campeón de Europa 45 años después. Y en el verano de 2010 cuando llega al Real Madrid, el equipo lleva seis años sin pasar de cuartos en Copa de Europa y el Barça es un equipo prácticamente imbatible.
            Y es que en estos equipos en estado de necesidad Mourinho encaja perfectamente. En su desesperación, los clubes utilizan al portugués como medio para ganar sin importarles el cómo, y Mourinho utiliza a los clubes para engordar su palmarés sin atender a si sus formas o sus actuaciones dañan la imagen de las instituciones que a priori representa. Y por eso no es de extrañar que incluso el Fútbol Club Barcelona preguntase por su situación cuando a Rijkaard se le fue de las manos un vestuario que empezaba a languidecer de éxito. En una situación similar se encuentra el Manchester City. Mientras desde España vemos como Mancini no es capaz de formar un equipo que se corresponda con las excelentes jugadores que tiene, que si no lo remedia un milagro va a ser eliminado por segundo año consecutivo en la liguilla de la Champions League, y que ganó la Premier por los pelos ante el peor Manchester United de los últimos años, en Inglaterra en ningún momento han cuestionado los aficionados citizens al entrenador italiano. Porque les ha hecho ganar. Y lo que desde aquí se ve como casi una obligación (semejante plantilla da razones para ello), desde la óptica del hincha del City que hacía 44 años que no ganaba una Liga, agradecido, lo asume como una proeza.
            Mou labra una carrera propia, ajena a los colores que representa buscando inundar de títulos su palmarés. Su fórmula consiste en crear un grupo fuerte, ambicioso, comprometido y cerrado, nutrido de jugadores contrastados con sus mismos objetivos. Su carisma dentro del vestuario y su afán de protagonismo en los medios le permite crear una coraza sobre el conjunto que protege a los jugadores de todos los ataques externos, tanto los reales que suelen llegar de la prensa, como los paranoicos persecutorios (imposición de horarios de los partidos en su contra, conspiraciones arbitrales, desprotección de su propio club, etc.) que intenta denunciar a modo de cortina de humo para desviar la atención de otros temas más objetivos sobre los que no le interesa hablar. Esta unión que consigue en todos los conjuntos que ha dirigido repercute de manera negativa en el propio club  cuando abandona el cargo, puesto que los jugadores (como el propio Mourinho) no están arraigados al club que les paga, si no a Mourinho.  Todos los equipos que ha dejado (el Chelsea no tanto) han perdido el norte durante un tiempo a pesar de haber contado con los mismos jugadores. Esta situación es más difícil que suceda en un club de cantera en el que el arraigo con el club que tiene el canterano siempre será superior. Quizá por eso Mourinho no fomente las canteras en los clubes en los que está. No sólo porque la formación de un canterano conlleva un tiempo del que Mourinho no dispone en su carrera por triunfar, sino porque no busca futbolistas fieles al club, busca futbolistas leales a él.
                En pro del éxito Florentino Pérez ha pasado de ningunear a los innumerables entrenadores que ha tenido a otorgarle total autonomía a Mourinho, poniendo al club y a su reputación institucional a su servicio. El portugués tiene además el respaldo de un contrato multimillonario cuyo finiquito en caso de despido sería inasumible económicamente por cualquier club (del Chelsea se fue con un finiquito de casi 30 millones de euros). Y Mourinho es trasparente, y su personaje no engaña a nadie. Se sabe de sobra qué se puede esperar de él, en lo bueno y en lo malo. Por eso no se explica los continuos ataques al portugués de la parte del madridismo que aboga por un Madrid respetuoso en sus formas –felicitar al rival en la derrota o quedarse a presenciar la entrega de un título al rival-, que represente al club en lugar de representarse a sí mismo –sobra ver cómo mostraba eufórico el número siete que aludía a su séptima liga a nivel personal tras proclamarse campeón en San Mamés-, y que no transmita una continua sensación de crispación en el club respecto al entorno. Y digo que no se explica porque cuando Florentino trajo a Mourinho esto venía en el paquete. A Mourinho nadie lo trajo para que cambiara su actitud sino para que ganara. Es el mismo que era en Inglaterra o en Italia, y seguirá siéndolo allá donde vaya. Florentino se ha lavado las manos en todas las polémicas que ha creado o se ha visto envuelto Mourinho, y mientras, esta parte del madridismo (para la que la institución significa algo más que las vitrinas del museo) en lugar de señalar al presidente que tanto le ha consentido no solo por no frenarle los pies sino además ampliarle su espacio de poder, sigue intentando corregir al portugués, sin darse cuenta de que a pesar de que ambos –esta parte de la afición y Mourinho- persiguen el mismo fin (la victoria) difieren en el camino para conseguirlo.
            Insisto en que solo me estoy refiriendo a esta parte de la afición madridista que reniega de Mourinho por sus formas, no de la otra, sin duda igual de respetable. Ni siquiera hablo de fútbol en lo que al juego se refiere. Aludo solo a la incoherencia que me parece apuntar a un señor que es perfectamente controlable y suprimible por un superior en lugar de arremeter contra dicho superior.
            Se le acusa, sin faltar a la verdad, de no dar oportunidades en el primer equipo a jugadores de la cantera cuando, sin embargo el único jugador que se han consagrado en el primer equipo desde la entrada en vigor de la Ley Bosman en la temporada 95/96 (momento en que apostar por la cantera deja de ser algo indispensable para la supervivencia de los clubes) ha sido Casillas (Raúl debutó el año anterior), además de algún otro como Guti que se mantuvo en el Madrid con altibajos considerables. Se le pide a Mourinho algo que ni ha hecho en ninguno de los clubes que ha estado, ni ha hecho ninguno de los 15 entrenadores que desde dicha temporada han pasado por el banquillo blanco.
            De la arrogancia del personaje que Mourinho se ha creado han salido ataques a compañeros de actitud ejemplar como Preciado o Guardiola, ha ninguneado a Pellegrini o a (‘Pito’) Villanova, ha dado plantones injustificadamente a la prensa, o ha soltado a su portavoz Eladio Paramés  para que escupiera las barbaridades que él no se atrevía a decir. Incluso cuando Mourinho ha sido devorado por su propio personaje ha llegado a agredir a Tito o a autoexpulsarse en partidos trascendentales como en la semifinal de Champions tras la expulsión de Pepe o en Villarreal en la pasada Liga.
            Todo esto multiplica su dimensión si en el banquillo rival se encuentra un señor como Guardiola que pasa de sus salidas de tono, que no alza la voz, que felicita al rival en la derrota y no presume en la victoria. Y que para colmo le gana la mayor de las veces. Negro sobre blanco.
            Pero que esto no nos haga perder la perspectiva. Ni Madrid ni Barça han sido precisamente modelos de conducta a lo largo de su historia ni han derrochado señorío (palabra que Mourinho se ha encargado de vaciar de contenido) por muchas veces que nos lo digan. Pero pasa que entonces ambos clubes iban a la par en actitudes groseras y forofas. Al insulto de Lorenzo Sanz respondía Gaspart con uno mayor, mientras Nuñez atacaba al Madrid Mendoza botaba con los ultrasur a grito de “es polaco el que no bote”. Y paro. Y en el campo mejor no hablar: butifarras de Schuster o Geovanni, pisotones de Juanito o Stoichkov, etc. En estos escenarios Mourinho hubiera sido uno más, pero no ahora. La excepción es Guardiola, no Mourinho ¿O acaso se hablaría tanto de Mourinho si en el banquillo del Barça se sentara Louis Van Gaal?
            Señorío hubiera sido que Del Bosque o Hierro hubiesen tenido la salida del Madrid que se merecían, y no esperar a que el mundo del fútbol al completo reconociera la labor del salmantino para ofrecerle tarde y mal un reconocimiento que Florentino ni siquiera tuvo el valor de ofrecérselo él mismo directamente. Se le recordará por lo bien que ha sabido exportar la marca Real Madrid al mundo y por el crecimiento económico del club, pero deportivamente en ocho años ha ganado de los tres campeonatos largos (no diré importantes) que se disputan cada año solamente cinco: 3 Ligas, una Copa y una Champions. Cinco de veinticuatro. Parece un balance demasiado pobre para el mejor club de la historia.



Alberto Egea Estopiñán, Revista-Kaiser nº27 12/11/2012
@esttoper

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